Sant Bult en la Catedral

El barrio de la Xerea es muy especial e importante para la historia de la ciudad de Valencia. Todos sus rincones están llenos de anécdotas, de grandes personajes como la familia Perpinya que estuvo muy implicada en la conquista de la ciudad de Jaume I, que dio además un mestre Racional y un Caballero de la orden Hospitalaria, y según la tradición también vivió en el barrio la hermana de San Vicente Ferrer y Juan Vicente Roca entre muchos valencianos ilustres.

 Pero el vecino más importante, y que no nos ha abandonado desde que en 1238 fue encontrado por Manuel Navarro, es el Santo Cristo de Sant Bult, pendiente siempre de cada una de las familias que vivimos en el barrio y de aquellas, que aunque no vivan en él, les mueve su devoción al santo. Flaquean el barrio una serie de iglesias monumentales como son: Santo Tomas Apóstol y San Felipe Neri, el convento de Santo Domingo y el Temple con la proximidad de la iglesia de San Juan del Hospital y la propia Catedral. Con todo este bagaje devocional y de patrimonio está clara la importancia y singularidad de la Xerea.

La Imagen del Sant Bult fue tan importante que tuvo su lugar destacado en la propia Catedral, como nos relata el Canónigo D. José Sanchís Civera en su obra «La Catedral de Valencia» (guía histórica y artística) citándolo en el capitulo XV y en el XVIII.

En el capitulo XV «La otra capilla esta dedicada al Crucifijo o Bulto de Jesús y concedida antes de construirse a  Ramón Torrelles y herederos«. Fue su patrono el  conde de Villanueva, que ostentaba en su escudo de armas un campo verde con cuatro franjas de oro, y sigue relatando las vicisitudes de esta capilla.

Por otra parte y siguiendo con lo relatado en esta obra vemos que en el capitulo XVIII habla el autor de la nave de la Epístola, y nos dice: «En este mismo sitio hallaba según altar dedicado al Sant Bult de Jesús, que construyó el maestro Balaguer en 1449 de orden del noble Jerónimo Cataluña«. El carpintero Guillén Ferrer hizo el retablo, que pinto Pedro Sanz, lo mismo que el brocado de la pared y la diadema para la imagen mayor; delante había una reja de hierro.

Tenían el patronato de esta capilla los sacristanes de la iglesia. En estos dos capítulos del libro de la Catedral se nombra al Sant Bult y se le única por tanto en la capilla del lado de la Epístola que siempre se pensó. Pero se pierde, posiblemente en el incendio de 1936, porque lo que es una evidencia, es que los diferentes cabildos nunca se han desprendido de ninguna pieza aunque estuviera muy deteriorada. Por esta razón, con las técnicas que dominamos actualmente, se han podido restaurar muchas obras de las que sufrieron el mismo incendio.

Aunque en 1940 los servicios de recuperación del patrimonio les dijeron que las tablas eran irrecuperables, no se deshicieron de ellas, las almacenaron y dejaron pasar el tiempo.

Muchos años después, cuando  se instauro la especialidad de restauración en la Universidad Politécnica de Valencia, D. Jaime Sancho, Canónigo responsable del Patrimonio de la Catedral se puso al habla conmigo y las primeras tablas afectadas por el incendio se trataron en la cátedra que yo dirigía, otra se han restaurado en el IVC+R y otra las han restaurado la profesora restauradora María Gómez. Por eso, al no encontrarse la imagen del Sant Bult, es de suponer que quedaría totalmente calcinada como paso con algunas otras.

 

Carmen Pérez García

Catedrática de Bellas Artes. Departamento de Restauración de UPV